Mi amigo Xoco nos había dicho:
“Piden permiso a sus papás. Para que se puedan quedar a dormir en el rancho de
mi familia que está en Villa del Carbón y ahí festejemos mi cumpleaños”. Mis
papás me dieron permiso de ir, me había quedado de ver con Xoco en el
parque que estaba enfrente de la escuela. Cuando llegué al parque me había
quedado como en shock. Porque no sabía que Xoco había invitado a Axel, y
estaba perdidamente enamorada de él. Cuando estábamos todos nos dimos cuenta
que no íbamos a caber en el carro. Tuvimos que tomar un camión. El camino había
sido muy largo. Estuvimos escuchando música, riéndonos a carcajadas y echando
relajo en el camión, hasta el punto que nos querían bajar.
A
veces me pregunto qué hubiera pasado si nos hubiéramos besado porque hasta la
fecha nunca volvimos hablar de lo que pasó. Pero bien dicen que no sirve de
nada atormentarte pensando en lo que pudiste o no hacer. Debemos de olvidar lo
que nos hace daño y seguir adelante.
Cuando llegamos observe que el
terreno donde estaba el rancho de la familia de Xoco era muy grande y además
muy hermoso. En ese instante había quedado sorprendida de tanta
belleza. Después su papá de Xoco nos llevó a un río en el cual
estuvimos jugando y echándonos clavados. Tuvimos que caminar mucho para
regresar al rancho y nos estábamos muriendo de frío. Así que cuando
llegamos al rancho buscamos leña, para hacer una fogata. Su papá de Xoco nos
llevó bombones, los quemamos y los comimos. Después
solo habíamos quedado nosotros cuatro. Nos acostamos a lado
de la fogata y nos pusimos a ver las estrellas. Axel tomo mi mano y así nos
quedamos. En ese instante estaba tan feliz que más podía pedir estaba con la
persona que más quería y mis mejores amigos. La mañana siguiente Axel y yo nos
habíamos quedado solos, él empezó a decirme cosas que todavía me sonrojan.
Cuando ya nos íbamos pasamos por
un lugar que tenía un árbol muy grande, y nos subimos al árbol. En ese
momento Axel intento darme un beso pero yo no me había dejado. Aún no sé porque
me quité, si el me gustaba tanto. Después el papá de Xoco nos llevó a cada uno
a nuestra casa, en el camino ni Axel ni yo nos hablamos. Al otro día en la
escuela todo fue tan normal, como si Axel hubiera olvidado lo que había
pasado.

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