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lunes, 3 de junio de 2013

Lo mas hermoso de una persona se encuentra en su corazón


Un día sábado, mi papá nos preguntó: “¿Qué quieren de desayunar?”. Mi mamá, mi hermana y yo respondimos que queríamos barbacoa.
Entonces mi papá nos dijo: “Conozco un lugar donde la barbacoa es muy buena, pero está un poco lejos. ¿Quieren ir?”. Nosotras respondimos que sí.

Cuando llegamos al lugar me di cuenta de que estábamos en la Marquesa. Fuimos a desayunar y cuando habíamos terminado mi papá nos dijo a Saarahi (mi hermana) y a mí: “¿Quieren alquilar una cuatrimoto?". Nosotras habíamos respondido que sí aunque nos estábamos muriendo de miedo. Nos dirigimos a donde estaban las cuatrimotos y nos subimos a una. Mi hermana quería manejar, así que la dejé. Ya llevábamos cuatro vueltas e íbamos por la última cuando, de repente, le dije a mi hermana que le acelerara. Por primera vez ella me había hecho caso, pero no resultó nada bueno porque de pronto se cruzó en nuestro camino un perro. Mi hermana, por no atropellarlo, lo esquivó, pero como íbamos muy rápido perdió el control de la cuatrimoto.  Esta se volteó, y nosotras salimos volando.

Cuando me levanté lo primero que había hecho fue ver si me hermana se encontraba bien. Me había tranquilizado al ver que no le había pasado nada grave. Después mis papás llegaron a donde estábamos y ellos, al verme, se espantaron mucho. Me hizo pensar que algo grave me había sucedido, así que me asusté tanto que hasta me desmayé. Cuando desperté  estaba en el módulo de primeros auxilios. Me espanté al ver el montón de algodones con sangre, lo cual provocó que me volviera a desmayar. Cuando volví a mí pregunté qué tenía. El enfermero me dijo: “Es una suerte que no les haya pasado nada, porque ese accidente mínimo les podría haber roto un hueso”. Me subí al automóvil,  me miré en el espejo: tenía toda la cara raspada.

Cuando íbamos de regreso pasamos por los medicamentos que nos había recetado el  enfermero. Me acuerdo de que eran pastillas para el dolor, isodine, flanax, gasas y una pomada para desinfectar. Se suponía que tenía que quedarme una semana en mi casa, pero no sucedió, porque mi amiga Nanci me había dicho por teléfono que debía de ir el jueves, a la escuela. Íbamos hacer examen y no debía faltar.

Cuando iba en el transporte hacia la preparatoria todas las personas se estaban riendo de mí. En ese instante me había puesto muy triste porque me di cuenta de que en nuestra sociedad hay poca consideración con la gente cuyo aspecto es diferente de lo que se considera normal.


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