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lunes, 24 de junio de 2013

Lluvia de cerveza

Era viernes. Mi prima me marcó a mi celular y me dijo: “Acompáñame al Corona Music Fest. Van a estar los Bunkers. Ya tengo tu pulsera así que pasaré  por ti como a las 13:00 horas”. Yo le contesté que sí la acompañaría. Le pedí permiso a mis papás, y les dije que si me podían dar dinero para gastar allí. Ellos me respondieron: “Sí, pero con la condición de que cuides de tu prima. Nosotros vamos a pasar por ustedes así que más tardar deben salir a las 22:00 horas”. Yo estaba muy emocionada pues hace mucho tiempo que no iba a un concierto y además porque me ayudaría a desestresarme. El sábado por fin había llegado. Mi prima llegó y nos fuimos al Estadio Azteca donde se iba a realizar el evento. Cuando llegamos a la explanada del Estadio Azteca nos revisaron y nos indicaron que no podíamos ingresar con comida, armas, bebidas alcohólicas y con cosas punzocortantes. Después de casi media hora, por fin entramos. Una por una, las nueve bandas se empezaron a presentar algunas de ellas eran: División Minúscula, Víctimas del Dr. Cerebro, Panteón Rococó y Molotov.
El clima lluvioso no impidió que comenzara la fiesta musical, pues con chamarras, impermeables de diez pesos o bolsas de plástico, nos cubrimos y disfrutamos de nuestras bandas favoritas. Cuando salió División Minúscula, mi prima y yo estábamos muy emocionadas. Estábamos viendo a Javier Blake y simplemente gritamos como locas. Después de varios grupos musicales salieron los Bunkers y cantaron la de Llueve sobre la ciudad justamente cuando estaba lloviendo, lo cual provocó que la gente se prendiera y cantara a todo pulmón. Las canciones que ocasionaron en la gente locura fueron las de; Me estoy enamorando de Inspector y Cara de pizza de La Cuca. La primera hizo que la multitud se pusíera a llorar y la segunda provocó un slam masivo el cual sufrimos más mi prima y yo porque estábamos en medio de toda la gente. Llegó la hora de irnos.
Mi prima y yo terminamos muy cansadas, con frío y con hambre. Mi prima se quedó a dormir en mi casa. Lo primero que hicimos fue meternos a bañar con agua muy caliente para que no nos enfermáramos y además porque en el concierto estuvieron aventando vasos de cerveza o lo que encontraran,  estábamos muy sucias. Estuvimos en mi cuarto platicando de lo bien que la habíamos pasado. Nos dimos cuenta de que teníamos moretones y chipotes creo fueron causa del slam.

domingo, 16 de junio de 2013

Todos contra todos

En la preparatoria, ya  eran los últimos días de clases.  Prácticamente, ya no hacíamos nada. Pero teníamos que ir para saber cuándo nos iban a dar nuestros papeles. Como no teníamos nada que hacer, llevábamos películas y las veíamos. Una de mis compañeras llevó la película de Proyecto X  y la vimos. Cuando la película terminó, todos nos quedamos con cara de ¡WOW! Y dijimos: “Esa, sí, es una fiesta. Deberíamos hacer una y qué el motivo sea nuestra graduación “. Unos de mis amigos que le decían Tapir empezó a organizar todo; el lugar, la hora, los invitados, la música y lo que se iba a tomar. Pasaron los días y Tapir nos dijo:” ¡Ya tengo el lugar y la fecha! “. Mis amigos y yo nos emocionamos mucho, pues esperábamos con ansias esa fiesta. Cuando llegamos a donde iba a hacer la fiesta nos dimos cuenta de qué era una casa muy grande. Pagamos el cover que era de $70 no reclamamos el precio porque con eso se iba a pagar la renta de la casa y las demás cosas. 

Había dos DJ y un montón de gente. Estuvimos bailando, jugando y bebiendo. Luego nos dimos cuenta de que había un montón de gente afuera de la casa. Los vecinos le fueron a reclamar a Tapir por nuestro relajó y le dijeron que si no nos calmábamos iban a llamar a la policía, para que nos sacaran. No les hicimos casó y seguimos en nuestro relajó. Cuando menos lo esperábamos llegaron varias patrullas y nos empezaron a sacar de la casa porque según estábamos muy alcoholizados, olía mucho a marihuana y que estábamos causando daños a propiedad ajena. Algunos compañeros empezaron a arrojar a las patrullas botes o lo que encontraran. Los policías nos empezaron a perseguir. Mis amigos y yo nos echamos a correr y nos detuvimos hasta que ya no vimos patrullas. 

Después nos encontramos a un chavo que nos dijo que si queríamos ir a su casa para seguir la fiesta. Estuvimos en su casa hasta las 12 de la noche. Recibimos una llamada de Tapir quien nos dijo que ya se había arreglado con los policías y que podíamos regresar a la fiesta. Cuando llegamos vimos que todos ya estaban bien mal. Los DJ pusieron el ambiente otra vez y la fiesta prosiguió. Fue todo un desmadre. Nosotros nos fuimos como pudimos a las cinco de la mañana ya estábamos todos muy borrachos. Y a nuestro intento de fiesta tipo Proyecto X solo le faltó el automóvil en la piscina.

domingo, 9 de junio de 2013

¡shots! ¡shots! ¡shots!

Habíamos tomadó el camión de Cholula, que nos llevaría al parque de los siervos. Mis amigos y yo estábamos muy emocionados. Era nuestra oportunidad de que nos olvidáramos del estrés de la preparatoria y de los problemas.  Llevábamos todo lo necesario para que se armara la fiesta: botanas, alcohol, comida, música y lo más importante las ganas de echar relajó. Cuando llegamos al parque, acomodamos todas las cosas: las bocinas, el anafre, las mochilas. Cada quien empezó a servirse en un vaso lo que le gustaba tomar:  tequila, cerveza, o vodka. Nosotras las chicas empezamos a cocinar. La bistesisa fue todo un éxito.
Ya estábamos todos relajados. Empezamos a jugar; baraja y botella. Quien perdía era castigado con unos shots. Lo se, era, un pésimo castigó. Así estuvimos un buen rato.  Tomamos nuestras cosas y decidimos ir a caminar, para conocer el parque. Llegamos a un lugar muy bonito, era un campo abierto y alrededor de este había muchos árboles. Ahí estuvimos platicando, jugando luchitas y cantando. De repente, se encendieron los rociadores y nos mojaron. Recordar ese instante me da mucha risa, nuestras caras de espanto; fueron geniales. Como estábamos todos mojados dijimos: “Pues hay que aprovechar ¡Ahora hay que mojarnos bien! “. Los hombres nos cargaron y nos pusieron enfrente de los rociadores, mis amigas y yo terminamos súper empapadas. Tuvimos qué esperar a secarnos, para podernos ir.

Hicimos tiempo platicando, y comiendo pero esta vez les había tocado a los hombres cocinar. Cuando nos dieron la comida nosotras pensábamos qué iba a saber horrible, pero nos equivocamos estaba realmente buena. Nos tuvimos que salir antes. No sabíamos que el parque cerraba a las seis. Agarramos nuestras cosas y nos salimos. Cuando íbamos caminando a donde pasaba el camión, empezó a llover; así que corrimos al ver el camión, y nos subimos. En el camión todos estábamos echando relajó y uno que otro dormido porque se sentía mal. Estuvimos en el camión aproximadamente tres horas porque había mucho tráfico. Llegamos a la parada de los camiones; estábamos todos cansados, otra vez empapados y pensando en qué nuestros papás nos iban a regañar porque ya era muy noche. Nos despedimos, nos tomamos fotos y después cada quien agarro su respectivo camión. Ese día fue tan genial.

A pesar de que estudiemos la Universidad en lugares diferentes mis amigos y yo seguimos yendo cada dos meses a ese lugar,  y eso lo vuelve aún más especial.

lunes, 3 de junio de 2013

Lo mas hermoso de una persona se encuentra en su corazón


Un día sábado, mi papá nos preguntó: “¿Qué quieren de desayunar?”. Mi mamá, mi hermana y yo respondimos que queríamos barbacoa.
Entonces mi papá nos dijo: “Conozco un lugar donde la barbacoa es muy buena, pero está un poco lejos. ¿Quieren ir?”. Nosotras respondimos que sí.

Cuando llegamos al lugar me di cuenta de que estábamos en la Marquesa. Fuimos a desayunar y cuando habíamos terminado mi papá nos dijo a Saarahi (mi hermana) y a mí: “¿Quieren alquilar una cuatrimoto?". Nosotras habíamos respondido que sí aunque nos estábamos muriendo de miedo. Nos dirigimos a donde estaban las cuatrimotos y nos subimos a una. Mi hermana quería manejar, así que la dejé. Ya llevábamos cuatro vueltas e íbamos por la última cuando, de repente, le dije a mi hermana que le acelerara. Por primera vez ella me había hecho caso, pero no resultó nada bueno porque de pronto se cruzó en nuestro camino un perro. Mi hermana, por no atropellarlo, lo esquivó, pero como íbamos muy rápido perdió el control de la cuatrimoto.  Esta se volteó, y nosotras salimos volando.

Cuando me levanté lo primero que había hecho fue ver si me hermana se encontraba bien. Me había tranquilizado al ver que no le había pasado nada grave. Después mis papás llegaron a donde estábamos y ellos, al verme, se espantaron mucho. Me hizo pensar que algo grave me había sucedido, así que me asusté tanto que hasta me desmayé. Cuando desperté  estaba en el módulo de primeros auxilios. Me espanté al ver el montón de algodones con sangre, lo cual provocó que me volviera a desmayar. Cuando volví a mí pregunté qué tenía. El enfermero me dijo: “Es una suerte que no les haya pasado nada, porque ese accidente mínimo les podría haber roto un hueso”. Me subí al automóvil,  me miré en el espejo: tenía toda la cara raspada.

Cuando íbamos de regreso pasamos por los medicamentos que nos había recetado el  enfermero. Me acuerdo de que eran pastillas para el dolor, isodine, flanax, gasas y una pomada para desinfectar. Se suponía que tenía que quedarme una semana en mi casa, pero no sucedió, porque mi amiga Nanci me había dicho por teléfono que debía de ir el jueves, a la escuela. Íbamos hacer examen y no debía faltar.

Cuando iba en el transporte hacia la preparatoria todas las personas se estaban riendo de mí. En ese instante me había puesto muy triste porque me di cuenta de que en nuestra sociedad hay poca consideración con la gente cuyo aspecto es diferente de lo que se considera normal.