Habíamos tomadó el camión
de Cholula, que nos llevaría al parque de los siervos. Mis amigos y yo estábamos
muy emocionados. Era nuestra oportunidad de que nos olvidáramos del estrés de
la preparatoria y de los problemas. Llevábamos
todo lo necesario para que se armara la fiesta: botanas, alcohol, comida, música
y lo más importante las ganas de echar relajó. Cuando llegamos al parque,
acomodamos todas las cosas: las bocinas, el anafre, las mochilas. Cada quien empezó a servirse en un vaso lo que le gustaba tomar: tequila, cerveza, o vodka. Nosotras las chicas empezamos
a cocinar. La bistesisa fue todo un éxito.
Ya estábamos todos relajados.
Empezamos a jugar; baraja y botella. Quien perdía era castigado con unos shots.
Lo se, era, un pésimo castigó. Así
estuvimos un buen rato. Tomamos nuestras cosas y decidimos ir a caminar,
para conocer el parque. Llegamos a un lugar muy bonito, era un campo abierto y alrededor
de este había muchos árboles. Ahí estuvimos platicando, jugando luchitas y
cantando. De repente, se encendieron los rociadores y nos mojaron. Recordar ese
instante me da mucha risa, nuestras caras de espanto; fueron geniales. Como estábamos
todos mojados dijimos: “Pues hay que aprovechar ¡Ahora hay que mojarnos bien! “.
Los hombres nos cargaron y nos pusieron enfrente de los rociadores, mis amigas
y yo terminamos súper empapadas. Tuvimos qué esperar a secarnos, para podernos
ir.
Hicimos tiempo platicando, y comiendo pero esta vez les había tocado a los
hombres cocinar. Cuando nos dieron la comida nosotras pensábamos qué iba a
saber horrible, pero nos equivocamos estaba realmente buena. Nos tuvimos que
salir antes. No sabíamos que el parque cerraba a las seis. Agarramos
nuestras cosas y nos salimos. Cuando íbamos caminando a donde pasaba el camión,
empezó a llover; así que corrimos al ver el camión, y nos subimos. En el camión
todos estábamos echando relajó y uno que otro dormido porque se sentía mal.
Estuvimos en el camión aproximadamente tres horas porque había mucho tráfico. Llegamos
a la parada de los camiones; estábamos todos cansados, otra vez empapados y
pensando en qué nuestros papás nos iban a regañar porque ya era muy noche. Nos
despedimos, nos tomamos fotos y después cada quien agarro su respectivo camión.
Ese día fue tan genial.
A pesar de que
estudiemos la Universidad en lugares diferentes mis amigos y yo seguimos yendo
cada dos meses a ese lugar, y eso lo
vuelve aún más especial.
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