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domingo, 9 de junio de 2013

¡shots! ¡shots! ¡shots!

Habíamos tomadó el camión de Cholula, que nos llevaría al parque de los siervos. Mis amigos y yo estábamos muy emocionados. Era nuestra oportunidad de que nos olvidáramos del estrés de la preparatoria y de los problemas.  Llevábamos todo lo necesario para que se armara la fiesta: botanas, alcohol, comida, música y lo más importante las ganas de echar relajó. Cuando llegamos al parque, acomodamos todas las cosas: las bocinas, el anafre, las mochilas. Cada quien empezó a servirse en un vaso lo que le gustaba tomar:  tequila, cerveza, o vodka. Nosotras las chicas empezamos a cocinar. La bistesisa fue todo un éxito.
Ya estábamos todos relajados. Empezamos a jugar; baraja y botella. Quien perdía era castigado con unos shots. Lo se, era, un pésimo castigó. Así estuvimos un buen rato.  Tomamos nuestras cosas y decidimos ir a caminar, para conocer el parque. Llegamos a un lugar muy bonito, era un campo abierto y alrededor de este había muchos árboles. Ahí estuvimos platicando, jugando luchitas y cantando. De repente, se encendieron los rociadores y nos mojaron. Recordar ese instante me da mucha risa, nuestras caras de espanto; fueron geniales. Como estábamos todos mojados dijimos: “Pues hay que aprovechar ¡Ahora hay que mojarnos bien! “. Los hombres nos cargaron y nos pusieron enfrente de los rociadores, mis amigas y yo terminamos súper empapadas. Tuvimos qué esperar a secarnos, para podernos ir.

Hicimos tiempo platicando, y comiendo pero esta vez les había tocado a los hombres cocinar. Cuando nos dieron la comida nosotras pensábamos qué iba a saber horrible, pero nos equivocamos estaba realmente buena. Nos tuvimos que salir antes. No sabíamos que el parque cerraba a las seis. Agarramos nuestras cosas y nos salimos. Cuando íbamos caminando a donde pasaba el camión, empezó a llover; así que corrimos al ver el camión, y nos subimos. En el camión todos estábamos echando relajó y uno que otro dormido porque se sentía mal. Estuvimos en el camión aproximadamente tres horas porque había mucho tráfico. Llegamos a la parada de los camiones; estábamos todos cansados, otra vez empapados y pensando en qué nuestros papás nos iban a regañar porque ya era muy noche. Nos despedimos, nos tomamos fotos y después cada quien agarro su respectivo camión. Ese día fue tan genial.

A pesar de que estudiemos la Universidad en lugares diferentes mis amigos y yo seguimos yendo cada dos meses a ese lugar,  y eso lo vuelve aún más especial.

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